Por Natalia A. Bonilla Berríos/Columnista de Sin Fronteras
La caída de un muro acabó con la guerra. La barrera de concreto que dividía a Berlín, en Occidental y Oriental, se derrumbó el 9 de noviembre de 1989. Para sorpresa de los ciudadanos en ambas partes y para el resto del mundo, significó el fin de una era y el comienzo de otra. Mientras el pueblo se unía en abrazos y risas, la Unión Soviética se enfrentaba a la decadencia.
Hoy, se cumplen 20 años del histórico evento. La capital alemana conmemora el acto con la “Fiesta de la Libertad” reuniendo a una masa estimada de 100,000 personas. La Puerta de Brandeburgo será símbolo del progreso cuando los líderes gubernamentales del País crucen los dos extremos.
Los 27 representantes de naciones miembros de la Unión Europea dirán presente. El continente felicitará a los mandatarios de la potencia huésped, saludarán con la mano a la congregación y expresarán alguna que otra frase optimista sobre el pasado y el futuro que le depara a la población rescatada del pensamiento nazi y, posteriormente, de la mano comunista.
La semana pasada fue una de pre-tributo a la actividad. Los ex presidentes George Bush, Estados Unidos; Mijaíl Gorbachov, Unión Soviética; y Helmut Kohl, Alemania Federal; se reunieron en una ceremonia efectuada el 31 de octubre. El trío de ex dirigentes hablaron del orgullo que todavía les causa la Alemania reunificada.
“Ninguno de nosotros tres quiere llevarse los laureles por los logros de generaciones anteriores”, dijo Gorbachov a lo que Bush por su parte decía, “ el Muro nunca podría borrar vuestro sueño, nuestro sueño, de una Alemania, una Alemania libre, una Alemania orgullosa”.
Sin embargo, tomó 30 años derribar un Muro y cuesta un par de años en construir otro. De ésos, nadie habla. Sería arruinar la fiesta de la potencia denunciar la barrera fronteriza que divide a Estados Unidos de México; que crea distinciones entre Israel y Cisjordania; que genera temor entre Marruecos y el Frente Polisario del Sahara. No, en momentos como éstos donde la música y el vino son ley no se amarga la fiesta con demonios pasados o presentes.
No, los muros visibles no existen hoy, quizás tampoco sean tema de discusión para el día de mañana. Un pueblo hizo la diferencia en el 1989 aunque ha carecido de la fuerza necesaria para servir de ejemplo a otros que llevan erguidos decenas de años e incluso siglos, mientras otros aún continúan en construcción.
El 5 de noviembre, la banda irlandesa U2 ofreció un concierto en la ciudad que le inspiró Achtung Baby, disco del 1991, logrando con su éxito “One” rescatar la esencia de la conmemoración. Bien dice la canción, “we are one but we are not the same” y esto parece aplicar a las políticas asiduas o formuladas por los actuales gobiernos.
Hace 20 años atrás, se derribó un muro. Hoy, en su conmemoración es urgente preguntarse, ¿cuántos otros quedan? Peor aún considerar, ¿cuánto tiempo, negociaciones, guerras y protestas se necesitan para desmantelarlos finalmente? Si en el 2009 todavía reina la afirmación de que para marcar discrepancias ideológicas, culturales y religiosas, es requisito poner una barrera de por medio todavía nos queda mucho por aprender. Tal vez en ése entonces, podríamos terminar con sentido la consigna de “One”: “we get to carry each other, carry each other”.

