Un drama social sin solución aparente


Por Natalia Bonilla

Sus servicios tienen precio, pero trabajan para alguien más. Algunos, no obtienen renumeración por sus labores. Otros, viven sumidos en el miedo de ser castigados; y la mayoría de ellos, apenas alcanza el duodécimo grado. Ese cuadro desolador podría pensarse, sucede en países del Tercer Mundo, jamás en naciones industrializadas que podrían con sus recursos, combatir el tráfico y la trata humana, la nueva versión de esclavitud en el Siglo XXI, según definiera Aministía Internacional.

Generando de 10 a 32 billones de dólares anualmente, la trata humana es el tercer delito más lucrativo del mundo, luego del tráfico de armas y drogas. Actualmente, no existe una ley ni política pública a nivel estatal que reconozca el crimen. Dicha preocupación ha llevado a César A. Rey, profesor de escuela graduada de la Facultad de Administración Pública de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, a realizar una investigación sobre la problemática que sufre el síntoma de “invisibilidad” en Puerto Rico.

“Los casos que salen a la luz pública son decenas, y los que no, son los más preocupantes”, explica el experto que en conjunto con la Universidad John Hopkins y la Fundación Ricky Martin, ha podido completar su primera fase de estudio.

Como no se ha definido concretamente el delito, esto ha conllevado a que surjan “torpezas de acción en ambas jurisdicciones”. Aunque Estados Unidos ha dedicado un comité especializado en la Agencia de Seguridad Nacional (Homeland Security) desde el 2002, para aminorar la práctica, el informe de progreso del 9 de septiembre de 2008 resultó poco alentador. Cuesta mucho tiempo investigar y seguirle la pista a las cabecillas de estos negocios que comprenden desde el tráfico de personas y órganos de un país a otro, como la prostitución y esclavitud de mujeres y niños.

El profesor César Rey presenta
la primera parte de su investigación sobre la
trata humana en Puerto Rico.
Foto: Natalia Bonilla

En la Isla, Rey considera que ampararse bajo los estatutos de la Agencia no es suficiente. “Aquí se desconoce la magnitud del problema”, y sin revelar más detalles de su trabajo por propósitos de privacidad, hace mención de “la impotencia que emiten las fuerzas gubernamentales”, a las que ya ha entrevistado en par de ocasiones.

Existen varios conflictos que atentan con el reconocimiento de la trata humana no sólo en Puerto Rico sino en el propio Caribe. Entre ellas, la más preocupante para Anthony P. Maingot, profesor emérito de Florida International University, es la negación. “¿De qué vale recomendar nuevas leyes, si no hay conciencia?”. Esta ignorancia responde a lo que describe como “verguenza colectiva” de un pueblo que no quiere compararse con países menos afortunados.

Este conflicto social ataca los sectores más vulnerables, las mentes maleables de una joven generación y los sueños de progreso de miles de inmigrantes del continente americano que arriban a la Isla. Por ello, Rey reconoce que las pocas incidencias que han sido difundidas a las masas mediante los medios de comunicación, dejan un rastro si bien tenue al menos visible de que el tráfico y la trata humana ocurre. Mas, entre sus objetivos está que el gobierno vigente tome acción ante el crimen que va en contra de los artículos 3, 4 y 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El conflicto no sólo puertorriqueño sino global, que debe atenderse con urgencia ya que lo define como “perverso, en todas sus dimensiones”.

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