El espejismo de un gobierno compartido


Por Natalia A. Bonilla Berríos/ Publicado en el periódico Paréntesis (Noviembre-Diciembre 2009)

Hacía 28 años que dejó de ser héroe para convertirse en dictador. Al principio liberó a su pueblo de la opresión de Gran Bretaña y proclamó la independencia de su nación. Una vez tomó el poder en sus manos, pareciera, no encontró motivos para soltarlo

El 15 de septiembre de 2009 se cumplió un año de gobierno democrático desde la independencia de Zimbabue en el 1980. Robert Mugabe sigue siendo presidente del país, pero comparte el mandato con Morgan Tsvangirai, líder de la oposición Movimiento del Cambio Democrático y, ahora, primer ministro. La firma para el Acuerdo Político Global, que estableció en el 2008 un régimen de poderes compartidos, surgió a partir del triunfo de Tsvangirai en las elecciones presidenciales celebradas el 29 de marzo de 2008 y a las que Mugabe, se negó a aceptar. Ante esto, el presidente solicitó un segundo proceso eleccionario el 27 de junio donde resultó ganador por una amplia mayoría. No obstante, la Unión Europea no reconoció los votos de esta ronda y obligó a las partes a negociar y distribuir, entre ambos partidos, el poder.

Actualmente, la nación africana continúa sumida en un espejismo permanente. La llegada de Tsvangirai, a sólo nueve meses de ostentar el puesto, el 11 de febrero, ha creado un puente de diálogo entre la comunidad internacional y Zimbabue, renovando su imagen y su política exterior. Mas la situación interna en el país permanece desmantelada en tres áreas fundamentales: la economía, la salud y los derechos humanos.

Según el Fondo Monetario Internacional, la deuda externa del territorio alcanzó en el 2008 unos $6,027 billones y se proyecta que para finales del presente año la cifra aumente a $6,719 billones. Éstos son números alarmantes para una población de 12.4 millones de habitantes y con una tasa de desempleo de 80%, de acuerdo con el informe de 2008 del Banco Mundial, cuya función es proveer ayuda económica a países en vías de desarrollo.

El pilar de la nación son sus tierras. En ellas se podría cultivar desde maíz, algodón y café hasta tabaco, pero lo impiden los intereses de 4,500 propietarios provenientes de Europa y Sudáfrica que poseen el 70% de la superficie cultivable del país, según un estimado realizado por el rotativo español El Mundo.

Mugabe, de 88 años, nunca tuvo un rival en los comicios. Prometía a sus votantes devolverles las tierras y despojar de ellas a los extranjeros, en su mayoría de tez blanca. Es por tanto que cuando comenzó en el 2000 su campaña de expropiación creció su popularidad entre los habitantes, pues un aproximado de 11 millones de hectáreas serían devueltas.

“Históricamente, ellos tienen que pagarnos una deuda. Ellos ocuparon las tierras ilegalmente y privaron a mi pueblo de ellas”, explicó el mandatario en el programa Amanpour de CNN el 24 de septiembre de 2009.

Mientras esto sucede, Tsvangirai se ha encargado de conseguir respaldo económico internacional. El primer ministro se reunió el 20 de junio con el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y éste asignó al país $73 millones como asistencia, pero señaló que esta cantidad iría a la población y que no debía caer en manos del “gobierno directamente porque nos continúa preocupando la consolidación de la democracia, los derechos humanos y la implantación de la ley” en dicho Estado.

Aparte de la asistencia recibida por parte de Estados Unidos, el 30 de junio de 2009 la República Popular de China otorgó a Zimbabue una línea de crédito de 675 millones de euros ($950 millones aproximadamente) para fortalecer el sistema de cultivo de las tierras y fomentar empleos para la población obrera.

Sin embargo, la nación debe atender su reforma de salud primero. Las cifras de víctimas de tuberculosis, malaria, SIDA y cólera continúan en ascenso por la falta de fondos para financiar los respectivos tratamientos y fomentar el acceso del pueblo a éstos.

El cólera se ha esparcido por todas las provincias del país. Según el informe sobre brotes epidémicos del 2 de diciembre de 2008 de la Organización Mundial de la Salud “el Ministerio de Salud de Zimbabue ha notificado 11,735 casos de cólera, de los cuales 484 han sido mortales”. De igual forma, la malaria ha cobrado 222 vidas en el 2007, pero para dicho año, se presentaron 1,154,519 afectados.
Ante este panorama, el Fondo Global de África propinó $36 millones de dólares para combatir estas enfermedades, sobre todo para programas en contra del VIH y el SIDA.

“El nuevo compromiso del Fondo Global (con nosotros) no sólo significa que estaremos mejor preparados para luchar contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria sino que indica la confianza que tiene la comunidad internacional en el trabajo de este gobierno”, dijo Tsvangirai en un comunicado de prensa difundido en su página oficial una vez finalizada la negociación en Harare.

El tema decisivo: los derechos humanos

Padre e hijo abductados de su hogar por guerrillas para trabajar en minas de diamantes. Como una réplica de la trama central del filme, Blood Diamond (2006), en Zimbabue se vive una situación similar a la crisis de Sierra Leona en el 1999, cuando el país estaba sumido en una guerra civil.

Hace siete años, la Unión Europea (UE) denunció la política actual por no luchar efectivamente contra las violaciones de derechos humanos y a la debida aplicación de la ley según los estatutos de la nación. En septiembre, una delegación del organismo viajó por primera vez desde el 2002 para decidir si mantendrían las sanciones económicas contra el gobierno de Zimbabue. El 14 de septiembre de 2009 se renovaron las penalidades que consisten en congelar los bienes o propiedades de este Estado en el exterior para limitar su habilidad de comercio.

“Deberíamos reconocer que ha habido progreso, pero persisten varios problemas destacados y discutimos eso con el presidente Mugabe en una actitud abierta”, dijo Karel de Gucht, comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, al finalizar el encuentro con Mugabe el 12 de septiembre de 2009.

Por otra parte, la organización internacional Human Rights Watch acusó al ejército nacional de explotar a ciertas comunidades, incluyendo a niños, a trabajar en las minas de diamantes al este del país, específicamente en la zona de Marange.

El 6 de agosto de 2009, el dirigente del continente africano en Human Rights Watch, Georgette Gagnon, declaró que “no sólo Zimbabue se ha rehusado a sacar el ejército de Marange pero ha enviado más unidades”.

La realidad del gobierno compartido es el constante forcejeo por el poder. Tsvangirai ha creado aliados en el exterior mientras que Mugabe continúa con su monopolio de décadas en el interior a pesar de la presión de otros líderes en el continente como el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki.
Dentro de las fronteras del país africano, poco ha cambiado. Los aires de progreso no soplan más allá de las palabras de estos dos agentes, siendo Mugabe el más predecible.

A un año del Acuerdo Político Global, el resurgir de esta nación rica en recursos naturales persiste sin dirección. Sólo el tiempo otorgará a los habitantes el auge de desarrollo -económico, sanitario y legal- que merecen tanto.

En lo que esto sucede, la coincidencia de que Zimbabue rime con Mugabe prevalecerá.

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