“Nuestra seguridad está en juego”


Por Natalia A. Bonilla Berríos

El 7 de octubre de 2009, cumplió ocho años. Lo que comenzara como una encomienda defensiva para proteger la nación norteamericana de los actos extremistas de Al Qaeda, culminó en una guerra global contra el terrorismo.

A partir del 2001, la doctrina de George W. Bush surtió efecto. Miles de tropas estadounidenses y otras pertenecientes a la Organización del Tratado del Atlántico Norte se desplazaron a las “tierras del Talibán” para atrapar a Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda y presunto arquitecto del ataque a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre.

La misión era encontrar al fugitivo saudí y desmantelar su red terrorista. Los jefes de las Fuerzas Armadas no preveían que en Afganistán hallarían una sociedad fragmentada y unificada por el Islam. Más de 100,000 soldados y trillones de dólares en deuda, una guerra “equivocada” (Irak, 2003) y una frontera desafiante con Pakistán, son algunos de los retos heredados por el nuevo residente de la Casa Blanca, Barack Obama.

El pasado 2 de diciembre, Obama anunció el envío de 30,000 tropas más a Afganistán para ponerle punto final a la Guerra. El primer mandatario explicó los tres planes que desarrollarán las fuerzas militares: entrenar al ejército afgano para luchar contra el Talibán; trabajar en una estrategia efectiva para asegurar la población civil; y mantener una alianza sólida con Pakistán; todas estas metas a realizarse en 18 meses.

Para batallar esta Guerra hay que tener presente lo siguiente: no se sabe quién es el enemigo. Por tanto, es muy “noble” mostrarle tácticas defensivas a las fuerzas afganas pero ¿quién puede asegurar que alguno de ellos no pertenece al grupo de insurgentes? Ante esta posibilidad, el ex candidato presidencial por el Partido Republicano, John McCain expresó su preocupación al Presidente de fijar a julio 2011 el retiro de tropas pues le daría a los extremistas la excusa perfecta para mantenerse escondidos hasta después de esa fecha.

Por otra parte, el pueblo aún necesita adaptarse a un gobierno diferente al Talibán. Hamid Karzai es el primer presidente escogido democráticamente en la historia de su país y según su rival en los comicios, Abdullah Abdullah, y una mayoría de los votantes, fue electo por fraude el pasado 20 de agosto.

“Estados Unidos es su colega y no su patrón”, aclaró Obama al dirigirse a los ciudadanos afganos durante su discurso, al igual que aprovechó para disipar las dudas de una invasión indefinida expresando que “no estamos interesados en ocupar su país”.

Obama dio a conocer su decisión frente a la clase graduanda 2010 de la Academia West Point, cuyos estudiantes serán prospectos a participar de la movilización de tropas, que comenzará esta semana con la partida de 16,000 soldados, según informó el Pentágono.

Además, el primer mandatario mostró por primera vez su calibre como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas precisamente en la misma institución en la que su predecesor Bush denunció el “eje del mal” y llamó a la nación a luchar contra Al Qaeda, y en última instancia, contra el Islam.

Lo cierto es que en Afganistán, se perderá la guerra. Los estadounidenses, cuando sea que regresen a casa a partir de 2011, vivos o en cajas, enfrentarán trillones de dólares en deuda. Los afganos deberán batallar contra los extremistas, solos, por su cuenta, al igual que ha hecho Pakistán, aunque éste último con ayuda económica del “Tío Sam”.

No se puede describir un escenario como éste de forma positiva. Muchos pensaban, Estados Unidos está en la región por culpa del petróleo. Y mientras esta teoría podría convalidarse con el más reciente informe del Departamento de Defensa, de que en el 2001 el ejército estadounidense estaba muy cercano a Bin Laden y lo dejaron escapar, las razones debían ser otras. Pero el costo de mantener esta Guerra, debe tener una razón aún más poderosa para justificar las muertes en incremento de 847 soldados en Afganistán, 300 de los cuales perecieron este año. Incluso más poderosa todavía para explicar los 1.8 millones de afganos que han pedido asilo en países aledaños o que se sienten más seguros viviendo en las fronteras, según detalló el informe de 2002 de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, mejor conocida como ACNUR. Y definitivamente más poderosa para elevar a $30 billones de dólares la deuda anual externa para permanecer en este país.

Claramente, Obama no tomó esta decisión a la ligera. Estuvo tres meses analizando las alternativas que le presentaban los mismos comandantes y jefes de las fuerzas que asesoraron a Bush. Además, fue lo suficientemente astuto para distinguir la Guerra de Vietnam con la de Afganistán, mas falló en explicar a cabalidad cómo los extremistas atentan contra la seguridad nacional de los estadounidenses. Sus votantes, aquellos que últimamente, pagarán por la Guerra.

Por otra parte, 25 países reforzarán la misión de Estados Unidos en dicha nación con el envío de 7,000 soldados más, a la vez que Francia y Alemania comenzarán a retirarse del conflicto. Mientras, el Presidente, que recibirá el Premio Nobel de la Paz 2009 en Oslo, Dinamarca, permanece con los pies en la tierra al expresar que “nosotros no podemos darnos el lujo de hacer caso omiso de los costos muy reales de estas guerras” y que “el país que más me interesa construir es el nuestro”.

La pregunta a responder, ¿con qué dinero?

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