El silencio de Daniel Pearl


Por Natalia A. Bonilla Berríos (Publicado originalmente en NAHJ-UPR.ORG)

El 23 de enero de 2002, Daniel Pearl se encontraba en Karachi, Pakistán, siguiéndole la pista al extremista Richard Reid, ligado al grupo terrorista Al-Qaeda.

El periodista de Wall Street Journal, en ése entonces, pretendía encontrarse con el líder espiritual Sheik Gilani para entrevistarlo y conocer su paradero.

Pero esa noche, no regresó a su casa.

Cuatro semanas después de su secuestro, el 21 de febrero, la Policía confirmó su muerte con un video que mostraba su interrogatorio y posterior decapitación.

Su fallecimiento conmocionó al mundo. La tristeza no solamente embargó a su esposa –la también periodista Mariane Pearl–, su familia o compañeros de trabajo, sino también a sus amigos, policías y líderes políticos que estuvieron pendientes a su liberación.

Ocho años más tarde, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, concluye una política ignorante hacia la libertad de prensa al firmar en ley del Acta de Libertad de Prensa de Daniel Pearl, el pasado 17 de mayo.

El Acta tiene como objetivos: identificar los países donde se coarta la libertad de prensa y además, permitir la creación de un programa de fondos para promulgar este derecho a nivel mundial.

De esta manera, el ejercicio de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos se une a la larga lista de derechos humanos que vigila alrededor del mundo el Departamento de Estado de la nación norteamericana.

Antes, en su informe anual no reconocía los agravios a la prensa y a los periodistas, como tampoco la censura a ambos por motivos militares o políticos.

Ciertamente, el trágico desenlace de Pearl marcó un antes y un después en la historia del periodismo. En la práctica de sus deberes por investigar todas las versiones de la “guerra contra el terrorismo”, fue secuestrado y utilizado como carnada para atemorizar a aquellos en búsqueda de la verdad.

“En todas partes del mundo existen periodistas y blogueros valientes quienes, al arriesgar sus vidas, intentan traer luz a problemas críticos sobre poblaciones que se encuentran entre la tiranía y la opresión”, dijo Obama en un comunicado de prensa.

En el mismo, añadió: “obviamente la pérdida de Daniel Pearl será uno de los momentos que capturó la imaginación del mundo porque nos recordó cuán valiosa es la libertad de prensa y cuán lejos pueden llegar aquellos que quieren silenciar a los periodistas alrededor del mundo”.

Esta última década ha sido crítica para los periodistas. Cualquier lugar puede ser zona de conflicto y aunque éstos pueden valerse de su pericia para realizar responsablemente sus labores, son muchos los riesgos que confrontan. Los reporteros tienen cámaras, libretas o computadoras; los opositores, armas y pistolas.

La policía pakistaní halló el cuerpo desmembrado de Pearl el 17 de mayo de 2002. Poco tiempo después apresaron y ajusticiaron a cuatro extremistas islámicos por su asesinato. Omar Sheik, líder del grupo, fue condenado a muerte.

Precisamente, luego de ocho años, el Acta de la Libertad de Prensa en los Estados Unidos otorga voz a la vida silenciada del periodista. Nunca sabremos si su destino pudo haberse evitado.

Pero sí sabremos que las faltas de los gobiernos o grupos extremistas a los reporteros o los medios de comunicación no permanecerán más como misterios. Más adelante, tocará trabajar a la administración de Obama unas medidas sancionarías a estos posibles escenarios de censura que el Acta no indica.

El 21 de junio de 2007, la revista Time publicó una entrevista a Mariane Pearl como motivo de la recién estrenada película “A Mighty Heart”, que relataba las semanas de incertidumbre que pasó sin conocer noticias de su esposo.

Uno de los internautas le preguntó si creía que la muerte de su cónyuge había “valido la pena”, y ella expresó lo siguiente: “Su voluntad y su deseo era convertirse en periodista y escritor. Y creo que toda persona que dedica su vida a algo que pertenece al bien común es muy significativo”.

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