Una estampa de vida


Viajar siempre ha sido una catarsis para mí. Hoy recuerdo la grata similitud que unía las dos veces que me monté en un avión y la tercera que subí a un crucero; daban el punto final a grandes etapas de mi vida: la adolescencia, la graduación de cuarto año y mi primer internado académico y laboral.

Esta vez, no puedo decir lo mismo y desconozco si eso es una buena o mala señal. En cuatro días parto hacia Turquía con nueve delegados más de Puerto Rico, estudiantes universitarios como yo, en búsqueda de hacer una digna representación de la juventud boricua y festejar la diversidad cultural en el Congreso Mundial de la Juventud en Estambul.

Hace una hora atrás podía resumir las expectativas que tenía del Congreso: forjarme como periodista, conocer otras culturas y mejorarme como persona. Después de un incidente (que me llevó a escribir esta nota) mis prioridades han sido resumidas a una: quiero aprender. Aprender no sólo las costumbres y tradiciones de otros jóvenes; no sólo sus mentalidades, prejuicios y religiones, sino sus calidades como seres humanos.

Quisiera comprender aún más el mundo en el que vivo.

Por la familia, los estudios y el trabajo, nuestro tiempo se consume más rápido de lo que queremos y poco queda para uno reflexionar sobre sí. En un intento desesperado, caemos en una rutina diaria para cumplir con nuestras obligaciones. Una rutina que inevitablemente nos ahoga si no sabemos nadar contra la corriente y rescatar quiénes somos como individuos y a quiénes nos debemos realmente.

Es comprensible que en un momento de indecisión, podamos recurrir a las culpas para entender un problema. ¿Quién lo originó? ¿Por qué llegó a este punto? Y eso está bien en cierto modo pero de nada nos sirve vivir de represalias o tratar de moldear a las personas a nuestra concepción de lo que deberían ser o quizás, querer que fueran más diligentes en sus tareas o más sinceros en sus promesas.

A veces simplemente hay que aceptar. Aceptar que somos diferentes y que por más que uno difiera, uno también origina los conflictos.

Estas dos semanas han llegado en un momento crucial en mi vida. Estoy segura marcarán o el punto final de un capítulo muy confuso o una nueva página para continuar. No hay frase más cierta que la atribuida a Sócrates en su tiempo: “Yo sólo sé que no sé nada”.

En fin, les extiendo una cordial invitación a leer mi cobertura sobre el Congreso: Diarios de Estambul, donde pretendo recoger un poco de todo para acercarles la capital de Europa 2010 a sus casas y hacerlos partícipes virtuales de este viaje conmigo. Visiten: http://www.revistalatitudes.org/category/diarios-de-estambul/

Los mejores deseos siempre,

Natalia

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