Hay apetito para escaramuzas, no guerras


Por Natalia A. Bonilla Berríos

Dos días después de anunciar el moderno complejo atómico que había mantenido oculto a la comunidad internacional, Corea del Norte atacó ayer con decenas de proyectiles la isla de Yeongpyeong.

Corea del Sur, quien clama el territorio como propio, se alarmó ante el saldo de 12 heridos y las muertes de dos soldados y cuatro civiles surcoreanos. Eso sin contar, las 70 residencias incendiadas por las ofensivas. Pero, el régimen norcoreano de Kim Jong-il tiene intereses que sobrepasan librar una guerra en el continente asiático.

Lee Myung-bak, presidente de Corea del Sur, elevó hoy la alerta máxima en su país

Un conflicto bélico entre Corea del Norte y Corea del Sur pondría en peligro la sucesión de la dinastía Jong. A la derecha Kim Jong-un, tercer hijo de Kim Jong-il a la extrema derecha. Foto por Rodong Sinmun (Norcorea state media)

y dijo que “debemos manejar la situación con calma para prevenir una escalada de violencia”. No obstante, su respuesta inmediata conllevó el lanzamiento de hasta 80 proyectiles contra las fuerzas norcoreanas destacadas en el Mar Amarillo.

El incidente más grave del 2010 tras el hundimiento del navío Cheonan por un torpedo norcoreano el pasado 26 de marzo y que causó la muerte de 46 marinos, ya ha sido condenado por las Naciones Unidas y otros países como Estados Unidos.

En un comunicado, el Secretario General de la ONU y de nacionalidad Surcoreana, Ban Ki-Moon, dejó claro que “condena el ataque y llama a suspensión inmediata”, e insiste en que “todas las diferencias deben ser solucionadas por medio del diálogo y otros mecanismos de paz”.

Sin embargo, al igual que en otras ocasiones a la administración de Jong-il en Pyongyang no le motiva discutir sus objetivos con Myung-bak. El gobierno de este último establecido en Seúl, capital de Corea del Sur,  está aliado con los Estados Unidos, país que aprobó hoy el envío de un portaviones militar a disposición de su socio.

Razones para el ataque

Jong-il cree que ambas naciones buscan invadirlo, en especial ahora cuando está preparando la transición de su dinastía en el poder quien sería encabezada por su hijo Kim Jong-un. El líder norcoreano se ampara en el hecho de que más de 70,000 tropas surcoreanas y estadounidenses comenzaron, en el 2008, ejercicios tácticos referidos con el nombre “Hoguk”,  que para su administración simulaban una posible invasión a su territorio, según destaca Korean News Service.

Y las reacciones de Washington y Seúl en estos momentos no podrían ser más adecuadas. Corea del Norte advirtió hoy que su homólogo austro podría llevar la península “al borde de la guerra” si continúa con respuestas militares a su práctica de “autodefensa” perpetuada ayer.

Pero una guerra en esta región no beneficiaría a nadie. La potencia norteamericana aún no halla salida a sus dos guerras en Afganistán e Irak, y favorecer la inclusión de Surcorea en un conflicto bélico supondría la invalidación de la línea fronteriza o Paralelo 38, que significó la independencia de ambos territorios con el armisticio del 1953.

Por otra parte, el único aliado importante de Pyongyang, la República Popular China no está en condiciones para asistirlo en una guerra que provocaría el temido éxodo de norcoreanos que buscarían refugio en su país de desatarse el caos militar. El Consejo de Seguridad de la ONU, organismo del cual es miembro, se reunió hoy para designar las posibles sanciones a estos ataques y sus ambiciones nucleares.

Su rol en esta congregación será imperante ya que por más ordenanzas que limiten económica y políticamente a Norcorea, si China no se muestra inflexible en esta ocasión, el ciclo de agresiones continuará. El régimen de Jong-il prometerá respetar los acuerdos y un paquete de ayudas financieras y  alimenticias proveniente, principalmente de su potencia vecina, contentará a su población.  Todavía sus otros motivos no están claros.

Aunque sin dudas, Norcorea incitó ayer una alerta roja a nivel internacional por su programa atómico pero necesita más tiempo y dinero para desarrollar misiles de largo alcance que generen el daño catastrófico con el cual tanto amenaza.  Luchar contra Corea del Sur detendría el proceso que también incluye, lentamente ir desplazando entre escaramuzas la línea divisoria hasta llegar a Seúl.

Además, escalar el conflicto a una guerra no sería una jugada que le convendría a Jong-il pues pondría en peligro la sucesión de Jong-un y el futuro de la Corea que dirigió.

Para conocer más sobre las tensiones entre Corea del Norte y Sur, los invitamos a leer el reportaje investigativo “La carta nuclear es sólo una estrategia” en nuestra edición septiembre 2009.

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