La vida de Malala


 

Malala Yousafzai es una bloguera de 14 años que antes de ser tiroteada recientemente, documentaba las injusticias de las autoridades talibanes en su región. Sí, muy joven diríamos  como para poder ser blanco del régimen en control del Valle del Swat.

Por Natalia A. Bonilla Berríos / Columna radial para Periodismo Libre

Malala no era periodista y no anticipaba que este rol fuera su vocación en el futuro. Preferiría el término de activista o escritora, así de sencilla se veía la posible Anne Frank contemporánea de Pakistán.  Su nombre ha sido reconocido desde el 2009 cuando comenzó a escribir notas diarias a la BBC Urdu describiendo cómo era vivir bajo el asedio Talibán.

Su principal molestia era que se les prohibiera a las niñas y a las mujeres estudiar.  Para aquel entonces, los militantes extremistas habían destruido cerca de 150 escuelas solamente en el 2008,  imposibilitando a las féminas sobretodo, continuar su formación.

Malala se identificaba como Gul Makai, su seudónimo en los relatos que escribía para evitar problemas con el gobierno. En el 2011, fue nominada para el Premio Internacional de Niños por la Paz y ese año ganó el Premio de Paz Nacional de Pakistán.

La joven tenía el talento y la valentía que muchos adultos carecían en su situación. Su familia había recibido múltiples amenazas de muerte pero apoyaban la labor de su hija, quien poco a poco ganaba reconocimiento a nivel doméstico e internacional. Era la voz de los que no se atrevían a enfrentarse al Talibán. Y probablemente lo seguirá siendo, si su cuerpo coopera.

Porque la suerte de Malala no fue suficiente para esquivar dos balas, una en su cabeza y la otra en su pierna. El pasado 9 de octubre, mientras viajaba en autobús para llegar a su escuela, un hombre con barba menuda paró y entró en el vehículo e insistió que Malala se identificara. Cuando lo hizo, rápidamente le disparó, hiriendo también a dos de sus compañeras de clase. La bala que recibió Malala en la cabeza, afortunadamente,  no alcanzó su cerebro. La adolescente fue trasladada a Inglaterra para recibir tratamiento médico en un hospital en Birmingham.  Sus cuidados están siendo financiados por el gobierno de Pakistán.

La población de este país ha expresado su indignación en torno a este intento de asesinato. No es lo mismo vivir en un estado crítico de violencia continua,  sino también que se atente deliberadamente contra la niñez y con figuras de ejemplos a seguir como lo es Malala.

El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, expresó y cito “los terroristas han demostrado a lo que más le temen: a una niña con un libro”, cierro cita.

Ojalá Malala se recupere pronto y pueda retomar su rol con más convicción que antes.

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