Lo que oculta el gobierno de Lukashenko


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Las agresiones cometidas esa noche destaparon la caja de ‘Pandora’ que tanto protegía Lukashenko. Por más de una década, la represión del gobierno ha privado el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y el derecho a la libertad de prensa.

Por Natalia A. Bonilla Berríos

A Alexander Lukashenko se le conoce por ser el “último dictador de Europa”. En el 1994, asumió la presidencia de Bielorrusia y ha sido reelecto en tres ocasiones;  siendo el último proceso el que ha causado la mayor de las controversias.

En los comicios presidenciales del  19 de diciembre de 2010, la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea denunció fallas en la transparencia del sistema, plagado de restricciones hacia la prensa, detenciones arbitrarias a los demás candidatos presidenciales y a cientos de ciudadanos en oposición a la administración actual.

Esa noche, cerca de 30,000 personas quisieron demostrar su descontento en una protesta masiva que culminó con una grave reprimenda de la policía y de agentes de la KGB. 600 manifestantes fueron arrestados, otros cientos resultaron heridos.

Las agresiones cometidas esa noche destaparon la caja de ‘Pandora’ que tanto protegía Lukashenko. Por más de una década, la represión del gobierno ha privado el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y el derecho a la libertad de prensa.

Index on Censorship recientemente publicó en su informe de enero 2013 cómo estos derechos han sido restringidos sobre todo con el uso de nuevos programas de vigilancia cibernética y con la manipulación de contenidos.

Sin duda, estas acciones de las autoridades representan un peligro para el ejercicio del periodismo y para la libertad de expresión del público en general.  Según el documento, los comunicadores temen ser denunciados por casos de libelo o que los medios cibernéticos independientes  sean atacados o censurados por publicar contenido en contra de los intereses o las políticas públicas del gobierno nacional.

Cabe destacar, que estas medidas no surgieron a raíz del incidente en el 2010. Por ejemplo, en el 2007, el caso del escritor y activista Andrei Klimau sirve como precedente. Klimau fue sentenciado a dos años de prisión por publicar artículos apuntando a Lukashenko como uno de los responsables de las muertes de varias figuras de la oposición durante los pasados años.

Ahora las campañas para la liberación de prisioneros políticos y de consciencia abundan en el ciberespacio. Free Belarus Now es una de varias iniciativas que han buscado apoyo internacional para restaurar la transparencia y el orden democrático en Bielorrusia. Amnistía Internacional también ha acogido esta encomienda.

En una entrevista con BBC Newsnight el 22 de octubre de 2012, Lukashenko bromeó con su estatus de “dictador” porque por más que el mundo lo califique de esa forma, lo cierto es que hasta el 2010 había muy pocas pruebas de sus prácticas. Tampoco hoy hay mucha información circulando acerca de los problemas que enfrenta el país, precisamente porque Lukashenko ha hecho todo lo posible por aislarlo de las influencias del Occidente.  Sin embargo, ¿cuánta transparencia y apertura al mundo es necesaria para certificar que la población vive con sus derechos coartados?

En la entrevista, Lukashenko defendió su nivel de gobernanza. El presidente dijo “Yo siempre he creído que la democracia genuina es justa. La base de mi política es y siempre será la justicia y la honestidad”.

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