Brasil trasciende el Mundial


Brasil experimenta una gran transformación social. He ahí la semilla de las multitudinarias manifestaciones que desde el pasado 15 de mayo han cobrado atención en los medios de comunicación.

Por Natalia A. Bonilla Berríos | @nataliabonilla

Hablo de sectores tan lejanos en práctica como en pensamiento, desde agentes de la policía federal y militar, maestros, trabajadores del Movimiento Sin Techo y hasta simpatizantes de partidos de la izquierda que quieren aprovechar el moméntum de las manifestaciones para impulsar candidaturas.

Sí, porque no podemos obviar que este año hay elecciones presidenciales y legislativas en la potencia latinoamericana y aunque el ex presidente Lula Da Silva, haya dicho que sin importar el resultado del Mundial, la actual presidenta Dilma Rousseff ganaría la reelección, en las calles se piensa y exclama algo distinto.

No iré al Mundial es una de las consignas más populares de los manifestantes que han abarrotado una docena de ciudades -incluyendo Sao Paolo, Porto Alegre, Brasilia y Recife – buscando presionar el gobierno para que deje de destinar millones de dólares en el Mundial de Fútbol, Copa FIFA 2014, y atienda los precarios servicios de salud, educación y transporte, principalmente. La demanda ha sido acompañada por una amenaza de paro de labores durante el torneo de la Copa FIFA 2014 que comienza el próximo 12 de julio.

Aquí, el pueblo brasileño no pone en juego su pasión por el deporte. El patriotismo y orgullo de esta sociedad trasciende la esfera “terrenal” y no vive condicionado a que un organismo internacional valide su esencia. En Brasil, el fútbol se practica a diario, clave de su cultura y hasta, se podría considerar, raya en un mandato de pre-condición genealógica.

No, el pueblo no está poniendo en juego su estirpe. Está evolucionando en pensamiento. Está aprovechando la coyuntura que ofrece un evento como el Mundial donde por casi un mes miles de medios de comunicación de todo el planeta estarán cubriendo los juegos y cientos de millones de televidentes más los estarán sintonizando, para adelantar sus causas sociales. Para promover efectiva y rápidamente el desarrollo prometido.

Las protestas de ahora, sumadas a las del 2013, denotan que el pueblo está consciente de sus males y quieren respuestas ya. Más cuando, por exigencias de la FIFA, han visto el derroche multimillonario en la construcción de complejos que, luego de los juegos en julio 2014, probablemente no vuelvan a ser utilizados más. Ese es el grito, ese es el clamor y el llanto.

Aunque para muchos, esta crítica social llega muy tarde. ¿Por qué no se expresaron antes? Lo hicieron. Y sin embargo, este es el mejor momento para ser escuchados. Para bien o para mal. A pesar de que los disturbios y eventuales consecuencias puedan empañar su imagen frente a la comunidad internacional, los brasileños han superado las inseguridades y los estereotipos. Se preocupan por sí mismos y con justa razón.

Lo que podemos asegurar es que una vez acabe el Mundial, Brasil habrá anotado el gol más importante de su tiempo, uno que definirá su transformación.

 

Twitter: @nataliabonilla

La autora es periodista y posee una maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad de York, Inglaterra.

 http://www.youtube.com/watch?v=Py0oM1Br3PQ

 

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