El conflicto, la excusa para la violencia sexual


Es hora de decir basta a la violación sexual como arma de guerra. En las pasadas semanas hemos visto cómo más de 200 niñas fueron secuestradas y potencialmente abusadas por el grupo terrorista Boko Haram en Nigeria, mientras que en India, dos niñas fueron violadas y estranguladas la semana pasada. Y eso sin contar el millar de otras mujeres y, en menor medida hombres también, que han sido víctimas de este tipo de ataque en pasadas guerras del siglo 20 y 21.

Por Natalia A. Bonilla Berríos | Twitter @nataliabonilla

La violación sexual es un arma poderosa porque no solo produce un daño a la víctima directa sino también a su familia y hasta la comunidad. Se han visto casos en Sierra Leona y la República Democrática del Congo donde, las vaginas de las víctimas han sido mutiladas con objetos que van desde cuchillos, trapos sucios hasta tubos y la lista no termina. En el plano físico el dolor es indescriptible pero es más difícil recuperarse del trauma psicológico y emocional que acarrea el acto.

También, hay que entender que la violación en tiempos de conflictos trastoca las fibras paternalistas de las sociedades. Casi siempre pensamos en la mujer o los niños como las víctimas directas, pero los hombres sufren aún más dentro de la familia. Aquí entra la mentalidad machista, muy presente en la mayoría de las sociedades, la cual establece que un hombre debe proteger a su esposa y a su hija. Ése es su rol. Cuando se le despoja de esa responsabilidad, y el ataque sucede, no puede mirar a su familia de la misma manera porque él se termina culpando por lo sucedido. Así fue como la guerra de Bosnia pasó de ser un conflicto más a uno icónico.

 

Aparte de su localización geográfica en un continente europeo que temía un segundo Holocausto, la sociedad bosnia practicaba mayormente el Islam. El cuerpo de las mujeres para los musulmanes es sagrado y por tal razón, durante la guerra, serbios y bosnios se aprovecharon de esa creencia para destruir los cimientos de las familias que se quedaron atrás mientras los hombres luchaban como soldados. Se crearon campos de violaciones sistemáticas. Después de la guerra, esas mujeres tuvieron que lidiar con las consecuencias.

¿Cómo reconstruir de nuevo la sociedad? ¿Cómo empezar de nuevo? Cientos parieron hijos como resultados de esas violaciones. Muchas los abandonaron a su suerte, otras tuvieron que aceptarlos en su familia a sabiendas que cuando los bebés crecieran, podrían identificar los rostros de sus agresores. Y las más jóvenes, solteras, quienes también fueron víctimas, tuvieron un camino más tormentoso.

Probablemente, la indignación que sentimos hacia este tipo de comportamiento criminal hoy se deba a que no lo asociamos como una “tendencia” del siglo 21. Vivimos creyendo que en el pasado quedó la barbarie y que con el desarrollo de las civilizaciones, comunicaciones, tecnología, educación y demás, estas historias de horror no se repetirían. En cambio, no.

En cambio, se ha perdido todo respeto por la dignidad y vida humana. En cambio, en cada conflicto nuevo (o resurgido) se contempla la violación sexual como primera y no última opción. Porque los perpetradores, al utilizar el cuerpo de las víctimas como objetos, infunden más rápido el terror de esa manera. Porque, no olvidemos, la violación sexual les otorga una sensación de poder, de dominio sobre el sujeto sometido. Y además, porque pueden salirse con la suya. Porque en la mayoría de los estados donde estos crímenes ocurren, la justicia es corrupta. Risible.

Ya es hora de acabar con la impunidad. Es más, sobrepasamos el límite de tiempo para hacerlo. Estamos tarde. Estamos muy tarde para honrar a las víctimas, a la ciudadanía global. ¿Por qué? Estamos tarde porque, sin importar cuántos juicios se celebren y cuántos años de condena se impongan a los perpetradores, si no se promueve una cultura de cero tolerancia a la violencia sexual a nivel global, no hay garantía alguna de que una campaña violenta como esta vuelva a ocurrir.

Ninguna.

Por eso destaco y aplaudo el esfuerzo que realiza la embajadora especial de las Naciones Unidas y actriz estadounidense, Angelina Jolie, y el secretario de Asuntos Exteriores del Reino Unido, William Hague, quienes conducirán la primera Cumbre global para terminar con la violencia sexual en los conflictos en Londres del 10 al 13 de junio de 2014.

Aunque la agenda es ambiciosa, los objetivos son honestos para atender esta problemática que ya la Organización Mundial de la Salud ha calificado como una epidemia. Todos los gobiernos signatarios de la Declaración de las Naciones Unidas para acabar con la violencia sexual en conflicto han sido invitados al evento en conjunto con representantes legales, judiciales y militares de organizaciones no gubernamentales y público general.

Para más información acceda: https://www.gov.uk/government/topical-events/sexual-violence-in-conflict

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