Paz, versión 2.0


Que no quede duda alguna de que Juan Manuel Santos ganó la reelección presidencial con un discurso convincente. Para alcanzar la paz, acabar con el conflicto armado y redefinir el futuro de Colombia, hace falta seguir trabajando su plan.

Por Natalia A. Bonilla Berríos | @nataliabonilla

A primeras, la idea pareciese ser sencilla. Continuar la ruta trazada en su pasado cuatrienio. Velar porque se cumplan los pactos de la Habana con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC. Compensar a las víctimas del terrorismo causado por las guerrillas, el narcotráfico, la violencia estructural.

No obstante, esta segunda vuelta dejó muy presente las fisuras que Santos debe enmendar en su administración. Luchar contra la desigualdad social. Encontrar un punto medio con la oposición, los uribistas y los que no. Descartar la impunidad a los perpetradores de crímenes de lesa humanidad. Lograr la paz.

“Paz”, la mejor palabra en su publicidad. Su repetición durante la campaña eleccionaria fue constante y por una razón: es tiempo de vivirla. El conflicto armado “pasó de moda”. Medio siglo de sufrimiento, miedo, heridas, frustración, fue suficiente. El pueblo, por un pequeño margen y con poca participación de la esperada, optó por Santos sobre su rival Oscar Zuluaga, conocido por su narrativa bélica y radical.

¿Podría eso indicar un significante cambio de mentalidad? Podría ser que, y con toda certeza a mi juicio, Santos ha recibido una segunda oportunidad. No porque sea necesariamente el mejor candidato. No porque los pasados cuatro años fueron “increíbles” en comparación con otras administraciones. No. Recibió una segunda oportunidad porque el pueblo está harto de la cantaleta. Y basado en el lento proceso de negociaciones que ha llevado a cabo su presidente desde el 2011, ha querido arriesgarse.

A pesar de que la guerra contra el narcotráfico haya fallado; a pesar que las FARC y el Ejército de Liberación Nacional no hayan entregado sus armas y sigan renuentes en entregarse a la justicia; a pesar de que las víctimas, las vivas no descansen con tranquilidad todavía; muy a pesar de que el resto del país ignore el conflicto o sienta que no le afecte; una mayoría votó por la doctrina a la que por décadas no han sido acostumbrados.

A soñar por una Colombia diferente, libre, en paz.

Ese discurso optimista le valió a Santos una reelección. El tiempo dirá por cuánto.

 

 

Twitter: @nataliabonilla

La autora es periodista y posee una maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad de York, Inglaterra

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