¿Escocia libre? Todavía no


La intensa campaña “Mejor juntos” en favor de la permanencia de Escocia en el Reino Unido llegó al punto de la desesperación a pocos días de celebrarse el plebiscito que definiría el futuro de esa nación.

Por Natalia A. Bonilla | Twitter: @nataliabonilla

Edinburgo. Foto por Natalia Bonilla.
Edinburgo. Foto por Natalia Bonilla.

El primer ministro David Cameron le enfatizó hoy al pueblo escocés que un voto por la independencia será uno permanente y sin reversa. La retórica del líder se ha extendido a ofrecer lo que antes era impensable: mayor autonomía y autoridad al Parlamento Escocés.

El motivo para las promesas drásticas de Cameron -y también, por el cual ha viajado al Norte para promover el “no” este pasado fin de semana- se debe a cuán reñidas han sido las encuestas. Un día gana el “no”, otros el “sí” pero por un margen muy reducido lo que implicaría que, el próximo 18 de septiembre, los resultados podrían oscilar para cualquier lado de la balanza.

Si hay algo claro en esta contienda es que la Unión no está funcionando. En el 2014, son más las razones que tienen los escoceses para separarse empezando porque las políticas públicas de centralización, de los gobiernos en Londres y la Unión Europea, ponen en riesgo todo sentido de nacionalidad. Entiéndase, el amor patrio que sentía el líder rebelde William Wallace en el siglo 13 contra la corona inglesa siempre ha estado latente en la población, sólo que desde el 2011 ha sido revivido por el Partido Nacional Escocés liderado por Alex Salmond.

Para los escoceses, las políticas de inmigración del Reino Unido deben ser evaluadas, los representantes de la Nación deben tomar un rol protagónico en el gobierno central y el gobierno escocés debe tener más autoridad para proponer e implementar leyes que afecten especificamente las áreas de educación, salud, cultura y ambiente.

Para los ingleses, una Escocia independiente significaría, principalmente, un golpe muy duro a la economía. Seguido a la elección, vendrá decidir el control por los abastos de petróleo ubicados en Escocia y si el nuevo gobierno de transición buscará ser miembro de la Unión Europea así como si mantendrá la libra esterlina o creará una nueva divisa. También, la imagen de Gran Bretaña se vería perjudicada internacionalmente ante el posible declive de la actual administración.

A este punto, valdría la pena preguntarse cuán exitosa ha sido la campaña “Mejor juntos”. Si hay que recordarle a los escoceses que son parte de un conjunto, es porque éstos se han desprendido ya, en su mentalidad como colectivo, de la “Unión”.

Eventualmente, reformar el Estado para realizar concesiones de autonomía al gobierno escocés como atractivo para convencer en este plebisicito, sólo sentará las bases para un nuevo referéndum donde no haga falta plantear la identidad nacional porque la división de facto se ha permitido.

Este jueves los escoceces acudirán a las urnas por primera vez desde que Escocia se integrara al Reino Unido en el 1707. Probablemente, las encuestas tengan razón y mitad vote que sí y la otra mitad vote que no. La diferencia en por ciento rayará en el peso de las convicciones personales de cada cual. ¿Se está preparado para asumir la independencia? O, ¿lo prometido por Cameron es suficiente para apaciguar el descontento?

Pase lo que pase, en Cataluña grupos a favor y en contra del separatismo estarán vigilantes para aprender de la efectividad de las estrategias de este plebiscito mientras se organiza para el 9 de noviembre 2014 uno propio en la región española.

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