El ataque a Charlie Hebdo estremece los pilares de la democracia francesa


El ataque terrorista contra el semanario francés Charlie Hebdo fue un golpe a la libertad de prensa, a la libertad de expresión y a la democracia misma.

Charlie Hebdo no era una revista para las masas. No publicaba contenido neutral, sus posturas eran radicales, directas, y con claros tintes xenofóbicos e islamófobos.

Sus portadas vendían por ser escandalosas, por restregar verdades y no mostrar signos de decoro.

Ese, era parte de su encanto y a la vez, explicaba parte del descontento del sector de la población –minoría, extranjero, o no- que se sentía ofendido.

Digo que eso presenta razones para el descontento, pero no justifica de ninguna manera y no legitima la acción de asesinar a una docena de caricaturistas y periodistas ni la de herir a otra decena.

Lo que ocurrió hoy en París, pone en tela de juicio los límites de la tolerancia dentro de una democracia. Francia, el país donde la democracia como sistema político moderno cobró auge con la Revolución de 1789, es el epicentro de esta masacre.

El ataque a Charlie Hebdo ha causado terror entre la población y a los medios de comunicación, porque atenta contra las libertades que se supone la democracia proteja.

La acción de los tres perpetradores -que dicen haber actuado en venganza por las constantes ofensas de la revista al Islam- mutila la labor de los periodistas, la prensa y las voces de los ciudadanos en general.

Hay vías para expresar el descontento en una democracia, alternativas eficaces como la denuncia, la demanda, la contra respuesta que no requieren el uso de violencia.

Recurrir al terrorismo, al yihad, para “acabar” con la vida de personas con posturas diferentes no contribuye a crear una sociedad más tolerante y pacífica.

Los sospechosos sabían que después de su acto, “Francia no sería la misma”, tal y como apuntó el ex director del semanario, quien reprimía con esfuerzo el llanto, Philippe Val.

Charlie Hebdo era un símbolo de la “libertad” en una democracia. Sí, sus contenidos satíricos promovieron que sus oficinas fueran atacadas en 2006 y 2011,  pero este ataque no tiene precedente.

Rayó en la médula ósea de la sociedad francesa, no sólo en la comunidad periodística.  Quizás por ello, miles de franceses se conglomeraron hoy en la Plaza de República de París en repudio al ataque terrorista –el más sangriento en 20 años- porque con cada muerte en esa oficina, se extinguía una voz y sin ése instrumento esencial, el ciudadano no tiene poder en una democracia.

Twitter: @nataliabonilla

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