Emigrar y el dilema de la nacionalidad


Anoche presentamos nuevamente Ecos del Exilio. Esta vez, como actividad preámbulo del Segundo Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia de Puerto Rico que comienza hoy en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.  El público al que me dirigí en este cine foro, era distinto al de otras veces, su mirada era mucho más crítica y curiosa.

A diferencia de otras ocasiones, la discusión de los asistentes giró en torno al tema IMG_5114 (1)de la identidad nacional y el nacionalismo. Hijos de padres cubanos, dominicanos y venezolanos, que nacieron en Puerto Rico, compartieron sus experiencias de asimilación cultural y discriminación social que han experimentando a lo largo de sus vidas en la isla.
Varias personas enlazaron el tema a la actual “fuga de talentos”, “fuga de jóvenes”, de Puerto Rico hacia EE.UU. -y otros países- por la marcada crisis económica que experimenta el territorio. El debate se intensificó cuando calificaron a estos emigrantes como “traidores” de la patria porque opinan que en vez de quedarse y luchar frente a la aguda crisis económica y social, optan por lo más “fácil” y se van.  ( Si nos ponemos a pensar, ¿dejar las raíces de uno y partir a una tierra y cultura extraña -donde posiblemente serás discriminado-, dejando la familia y amistades atrás para encontrar trabajo o empezar una nueva vida, etc, realmente es “fácil”? Conociendo las historias del exilio cubano en Puerto Rico, puedo contestar que no, no lo es.). Y sin embargo, estas primeras son las impresiones que más resuenan con el sentimiento de gran parte de la población de Puerto Rico.
Al escuchar estos comentarios, traté de hacer énfasis en cómo la identidad nacional es un “constructo”, una idea maleable y por ende, dos personas pueden nacer en un mismo lugar y una sentir que pertenece y la otra, puede que no. Eso conlleva a reflexionar sobre, ¿qué pesa más? ¿El amor a la patria y/o Estado frente a la búsqueda de superación personal? ¿Por qué hay una tendencia del colectivo a juzgar las decisiones individuales?
Pareciera una tendencia quitarle validez a los sueños que tenga una persona de hacer vida en otra parte, porque como nació en un país debe quedarse allí. Precisamente, de esto hablaba hace poco con un amigo que decidió emigrar con su esposa hacia EE.UU. y, como individuo que cree en la independencia de Puerto Rico, calificaba esas posturas como “ultranacionalistas” y uni-dimensional porque la patria “no se hace siempre” en el territorio, se puede contribuir desde afuera también. 
Ecos del Exilio Still4 (1)Uno de nuestros entrevistados de Ecos del Exilio, el periodista cubano Jay Martínez, nos expresó que “Yo me fui de Cuba, pero Cuba no se ha ido de mí. Cuba está en mi corazón y siempre estará. Y sé que algún día voy a volver”. Más adelante en la entrevista, nos señaló su preocupación por “encajar” en un territorio tras décadas de vivir como exiliado en Puerto Rico.
“Sé que cuando llegue a Cuba voy a ser un extranjero para los cubanos que están allí. Ese es otro problema. Cuando los cubanos, que llevamos mucho tiempo acá, decimos ‘Yo no soy de aquí ni soy de allá’, porque aquí nunca me van a considerar puertorriqueño tampoco”, decía Martínez en el documental.
Esta discusión me lleva a reforzar uno de los tres temas principales del filme, una pregunta que considero trata un dilema de carácter universal: ¿La identidad nacional se impone, se siente, se instruye, se elige? 
Hay múltiples casos que sirven de ejemplo para entender por qué la identidad nacional no es “fija”, es un concepto “flexible”:

1) ¿Soy cubano porque mis padres son cubanos y esa es la cultura que ellos inculcaron, a pesar de que yo nací y me crié toda mi vida en Puerto Rico?

2) ¿Soy puertorriqueño porque nací y me crié en Puerto Rico, pero llevo más tiempo viviendo en EE.UU. de lo que he vivido en esa isla?

3) ¿Soy colombiano porque nací en Colombia, aún cuando me crié y siento mayor conexión en Puerto Rico?

4) ¿Puedo definirme como dominicano aún cuando haya nacido en Puerto Rico porque desde que vivo en República Dominicana siento que pertenezco a esta cultura y sociedad?

Y así como esos casos, hay muchos más.
Creo que esta discusión abrió un espacio de reflexión sobre cuán independiente es nuestra capacidad de ser humano de gestión y decisión así como también, cuál es el juicio que ejercemos sobre otro que no comparta los mismos ideales que uno.
Conversando con una amiga que asistió al cine foro salió a relucir el tema del estatus político de Puerto Rico. Un territorio que ha vivido más de 500 años como colonia, primero del imperio español y luego, de EE.UU. Me comentó que, el hecho de que no hayamos tenido un ejército propio ni una conciencia colectiva uniforme y”de mundo” -en parte por la historia campesina y el adoctrinaje imperialista,  y recientemente, desde la firma del modelo político del Estado Libre Asociado en 1952- ha influido en que no tengamos un afán o una “necesidad” de definir una identidad nacional o un sentido “patrio”.
Según opinó, por décadas el Gobierno de Puerto Rico ha promovido el conformismo social y coincidió con el editorial del periódico El Nuevo Día titulado “La lenta agonía de la esperanza” así como de escritos de otros autores como “Emigración y ruptura familiar” que, la mejor válvula de escape que tenemos es el aeropuerto porque nuestro sistema político nos permite emigrar a EE.UU.
Esta situación es mal vista por aquellos que promueven que el puertorriqueño se quede en la isla para hacer “patria” porque argumentan que los que emigraron de Cuba salieron porque allí había y persiste una dictadura, un régimen opresivo, y en Puerto Rico, no.
Para mí este tipo de dinámica es fascinante porque su ramificación más extrema, lleva a condenar y hasta demonizar la migración, un fenómeno ancestral y hasta natural. Y de eso hay investigaciones científicas y relatos bíblicos e históricos. Desde el inicio de los tiempos, el ser humano fue nómada. Si un sitio no le proveía suministros de agua y comida o no era seguro, se mudaba a otro lugar. Y si ese nuevo lugar le venía bien, lo protegía de otros, porque el egoísmo es una tendencia biológica. Así de sencillo.
Cuando ese individuo se establece en un colectivo y cuando acepta ser parte de las relaciones de poder, los “sujetos” e “identidades se crean en planos personales, profesionales, familiares y sociales también. Nuevamente, el aceptarlo es una decisión para bien o para mal. 
 Otro de nuestros entrevistados, el intelectual, y exiliado cubano, Andrés Candelario,  creo que aporta un nuevo matiz a este dilema:
“Me caso aquí con una cubana que salió de Cuba también. Entonces a la hora de tener hijos, ¿qué decidimos hacer? Bueno, ¿qué hacemos? ¿Parimos exiliados o parimos puertorriqueños que estamos en Puerto Rico? La decisión fue:  ‘Nosotros no vamos a reproducir exiliados porque eso es lo que hacían con los esclavos en la época de la esclavitud.’ ” 
Y así hay muchas otras historias que ponen en relieve que la nacionalidad no es un concepto inalterable y final. 
Si siguen interesados en este tema, culmino este post invitándoles a leer una recopilación de citas de Anthony D. Smith, uno de los principales académicos en temas de nacionalismo a nivel internacional,  en su libro “Nationalism and the Construction of Nations“.

(Stills: Ecos del Exilio, Foto de presentación: Suministrada)

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