Humanizar las vidas al otro lado del Mediterráneo


Náufragos con vida y otros sin esa suerte.  Así termina un grupo de los miles de inmigrantes que intentan cruzar el Mar Mediterráneo desde Libia,  Siria y otros países de África hacia Europa en embarcaciones sin capacidad para aguantar el número de personas a bordo. Conocidas también como pateras, más de 100,000 hombres, mujeres y hasta familias enteras han sacrificado todo lo que tienen en sus lugares de origen -usualmente escapando del caos político o social-, por alcanzar una Europa de la esperanza. Por ser parte de la promesa de recibir asilo y mejores oportunidades laborales. Algo que pocas veces ocurre.

De la crisis de refugiados y el flujo migratorio por el Mediterráneo, se ha hablado y escrito bastante. Los medios de comunicación, principalmente de Europa, han sobre saturado sus contenidos de historias. Un gran número de ellas sigue la misma narrativa: cientos de inmigrantes mueren ahogados en el Mediterráneo; decenas son rescatados. Sin embargo, la publicación del mismo tipo de noticias pone en evidencia la escasez de contexto, relevancia, profundidad. Faltan más notas que contesten preguntas como:  ¿Qué pasó antes? ¿Quiénes eran? ¿Qué los llevó a emigrar? ¿Por qué tomaron la decisión de irse en una barcaza? Y, para contrastar, quedan las incógnitas sobre el después, el próximo trayecto de los vivos, las ayudas y abusos que reciben, y el rescate y entierro de los muertos.

El rostro que humanizó la crisis

La imagen del niño sirio ahogado Aylan, de 3 años, dio la vuelta al mundo. ¿Por qué? 8569tgx8c5_0Porque humanizó la crisis de refugiados que ya lleva varios años. Dio un rostro al horror de esta ruta que muchas veces es más preferible para los inmigrantes que ser víctimas de la violencia e inestabilidad social de países como Libia y Grecia. Su impacto fue grande porque logró que cualquier padre, madre o persona con empatía aguda pensara que ese podía ser su hijo. 

En la búsqueda de culpables, la Unión Europea (UE) pareciera ser la única en la lista. Por no ser transparente en el trato de los refugiados, por no respetar los puntos de la Convención de Refugiados de 1951, porque sus países miembros son lentos o se resisten a cumplir con las cuotas de asilo y porque, si seguimos indagando pretextos, simplemente “no hace más”. No atiende la raíz del problema. No interviene con el fervor que se espera de un continente que se proyecta como liberal y humanitario frente al mundo.  (Aquí un buen artículo de referencia) 

Razones para el descontento con la UE

El nacionalismo, la xenofobia, el terrorismo, la economía, el respeto a la soberanía de cada estado y la vulnerabilidad que trae consigo la apertura de fronteras a personas cuyo pasado, afiliaciones e intereses es desconocido, influyen en las políticas adoptadas e implementadas. El acuerdo de la UE con Turquía fue duramente criticado. A mediados de marzo, las manifestaciones de organizaciones de derechos humanos y ciudadanos en varios países de la UE fueron ecos de la vergüenza y peso moral que suponía deportar (o expulsar, dependiendo de las condiciones) a los solicitantes de asilo a Turquía. Porque por alguna razón se entendía, entre otros aspectos, que era un país seguro y capaz de contener a los inmigrantes, particularmente sirios, para que no llegaran a Europa y desistieran de la ruta por el Mediterráneo. 

¿El acuerdo mejoró la situación? Aún no. Porque el pacto pasa por alto que hay inmigrantes sirios y de otras nacionalidades que no quieren ir a Turquía. Como personas, quieren ejercer su derecho a decidir dónde vivir. Y, en calidad de extranjeros, son vistos -consciente e inconscientemente- por los ciudadanos -y gobiernos- como una potencial amenaza. No obstante, esa postura simplista ignora que la mayoría no son indigentes ni buscan caridad. Están en búsqueda de iniciar una nueva vida o tener garantías de seguridad por un período de tiempo determinado. Se olvida y se utiliza en su contra, y en esto la prensa ha sido en parte responsable, que ellos emigran porque los conflictos sociales, políticos y económicos en su país no les permite progresar o vivir sin peligro.

El reflejo de aguas polémicas

El Mediterráneo ha dejado de ser un mar de rutas comerciales tradicionales. Se ha convertido en tránsito de olas migratorias.  Sus aguas son traicioneras para los que se atreven a cruzarlas porque no hay certeza de salir vivos o ser rescatados. Asimismo, son aguas que sirven de barrera de protección para los europeos más conservadores que ven tierras lejanas (y no tanto, si consideramos que la distancia en avión entre Libia a Italia es de una hora y media) como menos desarrolladas. Aguas útiles para separar porque injusta y lamentablemente, hay vidas humanas que valen más que otras. 

Sin embargo, el error está en pensar que los inmigrantes que cruzan el Mediterráneo no son similares a nosotros. El grave error es pensar que el otro es tan distinto que nunca nos veremos en su situación. Error. Los miles de hombres, mujeres y niños que eligen dejarlo todo y montarse en una barcaza, -a la merced del clima, las aguas y confiando en la bondad de los capitanes (sabiendo que pueden ser víctimas de abusos y trata humana)- son personas con sueños y aspiraciones. Igual que nosotros.  

Con y sin educación, porque hay de todo. Guiados por la desesperación, el hambre, la esperanza, el deseo de vivir en paz y seguridad, entre otros factores que incluyen también, ejercer violencia. Eso no se puede descartar. No obstante, sería muy ingenuo de nuestra parte negar que hay personas con los mismos problemas e intenciones, en un mayor o menor grado de intensidad, en nuestras sociedades. Y más todavía, creer que esta crisis no nos afecta y no definirá el trato que puedan recibir en el futuro otros grupos de la Humanidad, incluyéndonos a nosotros mismos.

Entre tanta desesperación, pesimismo e impotencia, cabe destacar algunas iniciativas que hacen la diferencia como: 

Y por último, un programa sobre la travesía de los refugiados:

(Foto superior: Vista del Mediterráneo, desde Israel. Foto por Natalia Bonilla)

(Montaje de portadas de Aylan tomada de Creative Review)

2 comentarios sobre “Humanizar las vidas al otro lado del Mediterráneo

    1. Gracias Corsario. Me gustó mucho el artículo y concuerdo parcialmente con Reverte. Pensar que el Mundo Musulmán y Occidente tienen puntos de vista muy distintos sobre lo que es progreso, la democracia y los derechos humanos es un hecho. Sin embargo, hay un deje de constar que el colonialismo está presente y que los discursos clasistas y raciales aún hoy son emprendidos por antiguas y modernas potencias europeas sobre los países en vías de desarrollo o culturas consideradas tribales o “atrasadas”. Con el concepto de la globalización, se ha buscado que todos acepten una misma vara sobre cómo actuar y cómo tratar a otros seres humanos y sus relaciones en áreas de la política, el medio ambiente y demás. Una misma vara que, en vez de ser resultado de un diálogo entre culturas (norte-sur, este-oeste), es impuesto contra ellas por gobiernos (norte-este) que cuentan con más recursos militares, monetarios, intelectuales, etc a gobiernos o sociedades (sur-oeste) que, en comparación, están en desventaja. Por ende, cualquier ofensa o ataque que provenga de estos últimos será visto como una amenaza o una forma de rebeldía que a su vez, es vista como que debe ser oprimida o combatida.

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