Para el hombre que cubre “Ni una menos”


O cualquier movimiento que denuncie la violencia de género. Sepa que como periodista usted carga con una gran responsabilidad y que el sistema lo avala. Sus titulares, fuentes y su narrativa en general serán percibidos con mayor credibilidad que la cobertura que pueda realizar una periodista mujer, por más excelente que fuese. Lamentablemente.

Hace un par de días, una fuente de primer orden me relató la odisea de una argentina que buscaba denunciar a su ex novio por reportar las multitudinarias protestas del movimiento Ni una menos. Por seguridad, la llamaré Susana. El reclamo de ella podía fácilmente haber sido tachado de despecho, de no ser porque, según aseveró, su ex pareja y ahora reportero de un diario español muy importante, había abusado de ella mientras mantenían una relación.

Al principio cuando una escucha la historia se detiene a pensar en los motivos de su acusación. Luego, pasa por el proceso de asimilar la trascendencia de su revelación para ella, su expareja y las repercusiones que tendría para el periodismo en general. Sí, es necesario detenerse y ver cómo afecta a la industria saber que el sexo y el género condicionan las narrativas de un mismo suceso.

Dejando a un lado que la objetividad periodística no existe porque toda persona que reporta es un sujeto con circunstancias y contextos diferentes es menester plantearse cómo los hombres y las mujeres cubren la violencia de género. Mientras a unos se les alaba por mantener la compostura ante un tema tan delicado, al sexo opuesto se les recrimina -dentro y fuera de la profesión- por ser condescendientes con sus pares.  Me refiero particularmente a las mujeres periodistas que cubren los asesinatos de mujeres por el mero hecho de ser mujeres.

Al hombre periodista no se le cuestiona su trasfondo social para trabajar este tipo de historias. Se da por sentado, y muy erróneamente, que si es buen reportero reportará bien. Lo básico, los hechos, sin emociones ni juicios. No obstante, y tal como pude constatar en los escritos de la expareja de la chica argentina, su discurso fue paternalista, cínico y bélico. Quienes componen el movimiento social de Ni una menos, se quejan y pobres de ellas, quién sabe si el Estado las escuche.

A la mujer periodista le ocurre lo contrario. Se le cuestiona si, por cubrir feminicidios, es una de esas feministas que odian a los hombres. Inclusive, se pone en tela de juicio su trasfondo amoroso, si tuvo una mala ruptura, si es una quedada o si es lesbiana. Cada palabra que utilice para narrar los crímenes o las protestas es escudriñada por lectores, editores, familiares y amigos por igual. Tiene que ser objetiva, se le exige serlo porque por alguna razón no se puede concebir que una mujer pueda ser empática con otra mujer, ni ponerse en sus zapatos aún sabiendo que, en  contextos similares, la reportera es y puede ser víctima letal de la violencia de género también.

Y hago este apunte reconociendo que excluyo otras identidades de periodistas autodenominados fuera del género binario, a sabiendas que ellos y ellas mismos enfrentan realidades similares de discriminación y abusos en sus facetas personales. Sin embargo, caen en una de esas dos clasificaciones de sexo en registros generales, dependiendo del país y la cultura. Y en ese sentido, a cada uno le puede aplicar lo anteriormente expuesto sobre la desigualdad de género en el periodismo, respectivamente.

Soy creyente en que un buen periodista cubre lo que sea. Desde cultura, política hasta economía y deportes. No obstante, al conocer este caso y leer los escritos del periodista hombre en cuestión descubrí que no siempre es así. Que no solo los reporteros son responsables sino sus editores y los medios para los que trabajan deben estar pendientes del trasfondo de quien escribe o quien publica sobre el tema entre manos y aún más, cuando es un asunto tan polémico y violento como este.

Es un peligro narrar fríamente un fenómeno como este donde cientos de miles de mujeres -y hombres también-, se han unido para denunciar la violencia de género en varios países de Latinoamérica. Las muertes no son cifras en un papel o casos sin resolverse en los tribunales por falta de pruebas o testigos. Estas muertes son distintas. Son un reflejo de lo podrido que siempre ha estado el sistema patriarcal y que ahora, sólo ahora, después de casi un siglo de lucha y avances porque se reconozcan los derechos de las mujeres y otros grupos minoritarios, se les denuncia y se presta mayor atención.

Ni una menos, ni una más. Hay críticos -y para sorpresa, la mayoría hombres-, que no entienden por qué este lema no es incluyente. Por qué agudizar una lucha social sin hacer un llamado a los hombres. Fallan en entender que el llamado a los hombres está pero el movimiento no tiene como objetivo ganar más adeptos hombres sino transformar una sociedad desde sus adentros y demandar un cambio radical en las instituciones gubernamentales y económicas que regulan el modo de vida, las costumbres y nuestra forma de relacionarnos.

Hoy le di seguimiento al caso de Susana. Me indicaron que se retractó de denunciar su historia para un periódico nacional. La periodista no la quiso presionar. Eso me llevó a pensar si la reportera también había sido víctima de violencia de género, en alguna de sus facetas, porque aunque no se debe presionar a los entrevistados una historia así que cala hondo, no debe ser descartada al más mínimo obstáculo. Seguramente, como Susana hay decenas de otras. Y a cada una de ellas se les podía haber ofrecido anonimato y garantías de seguridad por parte del medio de comunicación. Sin embargo, eso no ocurrió.

Culmino esta columna con dos apuntes finales para mis colegas, reportero/as de profesión o reportero/as ciudadanos, que cubran este tema en Argentina u otro país:

Para el hombre periodista que cubre “Ni una menos”: tenga presente todo lo que tiene a su favor cada vez que escriba sobre la violencia que sufre el sexo opuesto. Y si usted reconoce ser actor en esos tipos de violencia contra mujeres u otros grupos minoritarios -muy a pesar de considerarse usted mismo parte de la comunidad LGBT-,  sincérese con sus  colegas. Dialogue formas de cobertura inclusivas y sea honesto. Colabore con reporteras mujeres, escuche sus historias. Lo invito a humanizarse y despojarse del velo que le ha tendido sutilmente su familia y la sociedad, por más que lo hayan criado un alfa o independientemente de su orientación sexual. Su sexo, que claramente usted no escogió antes de nacer, le da privilegios en su sociedad y si no le importa reportar la desigualdad de un sistema que lo beneficia a usted y no a la mitad de la población mundial, busque otra profesión.

Para la mujer periodista que cubre “Ni una menos”: reconozca los elementos sociales que tiene en su contra y a su favor simplemente por su sexo (y también sume otros como la etnia, nacionalidad, orientación sexual, etc).  Reporte desde su óptica más profesional y no se deje amedrentar por el qué dirán. En situaciones como ésta, donde la violencia está a flor de piel, es normal que una sienta miedo. Que una opte por la autocensura o por suavizar los contenidos para evitar controversias o represalias. Sepa que eso es entendible. Sepa que no está sola en su decisión. No obstante, la invito a decidir consciente del trabajo que realizan otros reporteros y reporteras sobre el movimiento. La invito a reflexionar en torno a la cobertura existente. Si cree que no tiene nada que aportar (lo cual dudo, personalmente), elija retirarse o reportar desde afuera si es lo que más le conviene.  Tampoco es dar la vida por una historia. En cambio, si cree que tiene mucho que aportar, escriba o reporte de manera independiente a las agendas de los movimientos sociales, ellos defienden sus intereses y una periodista responsable no debe ser vocero de una sola parte.  La invito a conocer las historias y legados de otras periodistas increíbles que han cubierto estos abusos tales como Marcela Ojeda, Lydia Cacho y Charo Nogueira, entre otras. Probablemente usted, sin importar su nacionalidad, habrá sido víctima de alguna manifestación de violencia de género durante su vida por eso la invito finalmente a no callarse ante su contexto y a elegir reportar la desigualdad del sistema que la perjudica a usted y a la mitad de la población mundial. Esta es la profesión para hacerlo.

Ensayo recomendado: Cómo convertirte en feminista – Argentina

(Foto de portada propiedad de M.A.F.I.A., en la foto un joven se une a protesta de Ni una menos)

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