El otro legado de la Doctrina Obama


Mientras EE.UU. se prepara para la inauguración del nuevo presidente electo Donald Trump, conviene revisar la implementación de la doctrina Obama, una plataforma discursiva que sentó las bases para una estrategia militar y de vigilancia sin precedentes.

Análisis por Natalia Bonilla | @nataliabonilla

El pueblo estadounidense le dice adiós a uno de los mandatarios más carismáticos y progresistas de su historia política. Entre fiestas, lágrimas, videos de despedida y sesiones de fotos, Barack Obama se despide de la silla presidencial en la Casa Blanca para comenzar una nueva etapa en su vida. Escribir libros, dar conferencias e incluso adquirir un equipo de baloncesto son entre las opciones que baraja el líder, según varios analistas políticos. Para Obama, no obstante, su única meta en el calendario para el día después es dormir sin alarma.

En los últimos días, los principales medios de comunicación han reseñado los logros domésticos de su Administración.  El repunte económico, el acuerdo de París y el polémico seguro médico universal Obamacare figuran en la lista que ahora tambalea con la visión política de la era Trump.

A nivel internacional, Obama deja como legado sentimientos encontrados. En 2008, fue electo con un programa de carácter liberal y pro de derechos humanos. Prometió prohibir las torturas de la CIA, cerrar Guantánamo, poner fin a las guerras de Irak y Afganistán, y en su gira presidencial de 2009 por Latinoamérica, buscó acercarse más al continente.

El “a veces” policía del mundo

En 2017, el ganador del Premio Nobel de la Paz (2009) se despide de uno de los países más desarrollados del mundo con muchas de esas promesas sin cumplir. Su respuesta conservadora y, en algunas veces, ambivalente a la inestabilidad política y social en el Medio Oriente, exacerbada por la Primavera Árabe en 2010, llevó en parte al deterioro de las protestas y posterior conflicto civil en Siria. El inicial retiro de tropas de Irak y Afganistán dejó un advertido vacío de seguridad en estos países que fue aprovechado por grupos yihadistas y ni hablemos del aumento de ataques terroristas ni del espaldazo a la crisis de refugiados en Europa.

Está claro, y hasta el propio Obama lo dijo en un discurso en 2016, que EE.UU. no debe convertirse en la policía del mundo. Pero, ¿a qué responden los temibles programas globales de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional que Edward Snowden destapó, el espionaje a líderes de estados como Brasil y Alemania, la estrategia militar para incrementar el uso de drones y las últimas órdenes del Comando Conjunto de Fuerzas Especiales para prevenir un nuevo frente de la Guerra Global contra el Terror?

Obama falló en declarar una línea roja en la crisis siria y no reaccionar acorde a su advertencia. Su administración erró (y por intereses geopolíticos, no tanto) en elegir intervenir en Libia, bajo la excusa de Responsabilidad para proteger, y no en Siria. Ante el resurgimiento de grupos radicales islámicos, aprobó un nuevo reenvío de miles de tropas a Afganistán y entrenamientos a grupos rebeldes en Siria e Irak. Volcó sus ojos a Asia para frenar la influencia de China en la región y prestó poco caso a lo que ocurría en su entorno más inmediato: América Latina.

Sí, apoyó el proceso de paz en Colombia pero no vio como prioridad (por diferencias ideológicas e intereses) la crisis social y económica en el vecino país de Venezuela. Buscó reformar la política migratoria, en aras de poner un parche doméstico a la inmigración centroamericana sin atender con premura sus causas. Inició muy tarde en su administración una normalización de relaciones diplomáticas con Cuba, eliminando en el proceso la política de pies mojados, y dejando en el limbo el futuro bilateral con esta nación.

Los cabos sueltos que atará Trump

Obama se va de la política internacional dejando tantos cabos sueltos que es muy difícil precisar aún cuáles la administración Trump va a atar. Sabemos que Trump, como otros presidentes republicanos, tendrá como objetivo fortalecer las fuerzas armadas. Amedrentar a China, humillar a México con un plan para que pague un muro fronterizo.

Desconocemos qué pasará con los frutos de los esfuerzos del secretario de Estado John Kerry por una solución al conflicto palestino-israelí, el acuerdo de París, el posconflicto en Colombia, la relación bilateral de EE.UU. con Rusia, Ucrania y la OTAN. Tampoco tenemos claro cuál será su estrategia para combatir al Estado Islámico ni cómo será su mirada a Latinoamérica ni mucho menos al continente africano.

Fue tanto lo que Obama quiso arreglar en ocho años que terminó hilando fino. En su deseo de restaurar la imagen de EE.UU. y proyectarlo como un Estado con igual capacidad que los demás en el terreno internacional, perdió de vista que la nación norteamericana fue fundada con una premisa realista del mundo.

(Foto de portada publicada en  Twisted Sifter, fotos tomadas por Pete Souza, White House Official Photo)

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