El feminismo (¿falso?) de las FARC


1063565071

A algunos sectores de los medios y la sociedad colombiana les cuesta creer que las guerrilleras de las FARC, a punto de desmovilizarse, tengan pensamientos feministas y revolucionarios. ¿Qué agenda y estereotipos de género buscan reforzar?

Por Natalia Bonilla | Twitter @nataliabonilla

Las guerrilleras no son santas. Tampoco son diablas. Lo que les impide evolucionar ante los ojos de la sociedad es que en Colombia no hay cabida para grises. Si no se les percibe como víctimas reclutadas forzosamente para cumplir los caprichos sexuales de los comandantes o soldados de grupos ilegales, se les criminaliza hasta el extremo de no permitírseles redención. Y no me refiero sólo a las mujeres de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y otras guerrillas del país, este drama se ha repetido en otros conflictos (Irlanda del Norte, Sudáfrica, El Salvador, Nicaragua,etc.) a través de la historia mundial.

No es posible concebir a las combatientes como actoras políticas. O se les percibe como sujetas de los intereses de otros (hombres) o su comportamiento se explica como anormal y se cuestiona todo sobre su origen e identidad.

Porque una guerrillera rompe con la heteronormativa que dice que las mujeres son constructoras de paz y ésta, dudosamente puede ser otra cosa que femenina.

Hace unos días, las mujeres farianas difundieron Tesis de mujer y género para el congreso constitutivo del partido para ayudar a diseñar la plataforma del brazo político de las FARC en el Congreso de Colombia. Y no faltaron los comunicadores y analistas que le restaron importancia, que cuestionaron cuán real era su propuesta feminista porque la guerrilla es, en esencia, machista. Ese argumento es entendible, tan así que hasta la propia Victoria Sandino reconoció que era cierto en entrevista con Vicky Dávila en W Radio.

No obstante, las críticas banalizaron el contenido propuesto que, de base, es de índole progresista: crear una departamento de Mujer y Género dentro del partido político de las FARC y la puesta en marcha de lineamientos a favor de la consecución y restitución de derechos de las mujeres y la comunidad LGBT en la sociedad.

Según relata el periódico El Espectador (que tuvo acceso al documento) su lucha tendrá seis puntos claves:

“luchar por los derechos de todas las mujeres del país, dar impulso a plataformas organizativas de las mujeres y la articulación de todas las expresiones de inconformidad, hacerle seguimiento a las particularidades del enfoque de género y diferencial, del Acuerdo Final, desarrollar una política de formación sobre igualdad de género hacia la población colombiana en su conjunto, impulsar la lucha contra la violencia de género, la violencia obstétrica, el derecho a una educación sexual integral, trabajar para conseguir el respeto, el reconocimiento y el liderazgo en los distintos espacios comunitarios, políticos y sociales.”

De entrada, la tesis puede resumirse en que las guerrilleras -que conforman un 40 % del grupo en proceso de desmovilización- buscarán llevar el feminismo revolucionario de los campos a la política, reforzando así el discurso del máximo jefe de las FARC, Rodrigo Londoño alias Timochenko, que la única arma que tendrán será la palabra.

La credibilidad es lo que más afecta este movimiento. Y minar este esfuerzo de las combatientes, que no olvidemos son mujeres también, crea y no elimina más barreras en la lucha por la equidad de género. Ante un gran número de voces opositoras que cuestionaban sus verdaderas intenciones, publicaron otro mensaje en su portal (que hay quienes piensan es uno propagandista y no representativo de las mujeres del grupo armado) para defenderse de un artículo de Pacifista y otros medios de comunicación que seguían la misma línea editorial:

Una vez más, pues el tema siempre se ha utilizado como una polémica en los medios de comunicación, las guerrilleras de las FARC-EP, las mujeres que hacemos parte de la organización, somos invisibilizadas y puestas en un segundo plano y no precisamente por la guerrilla, sino por los medios quienes creen saber más de nosotras, que nosotras mismas; sumándole el tono desdeñoso con el que además se toman el atrevimiento de juzgar quien puede y quien no hablar de feminismo.

Cuestión de credibilidad

Aquí la falla está en los medios y la sociedad.  Es visible que, a pesar de las diferencias ideológicas y sus acciones violentas en el pasado, no se le da valor a sus expresiones. Es más, son escasos los foros (como por ejemplo, el gran trabajo de Colombia2020) que se les ofrece -en igualdad de condiciones- para que hablen de su arrepentimiento, sus deseos de paz, sus sueños de estudiar y ser parte de la vida civil y su visión de contribuir a un mejor país. Súmele también, el género y la temática sobre la que se expresan. Son mujeres hablando de derechos de mujeres, adoptando posturas políticas (por la vía pacífica) pero quién sabe con qué intenciones y si fueron utilizadas por los hombres para lavarle el cerebro a otras chicas. Pensar así, es un error y socava todos los esfuerzos por alcanzar, más que justicia social, que las mujeres sean vistas y aceptadas como actoras políticas también.

Ni la cobertura mediática ni la historia mundial ofrecen escenarios optimistas para remediar esta percepción. Por una parte, a través de las décadas la cobertura mediática hacia las mujeres farianas se ha resumido a tres temas: reclutamiento forzoso, abortos forzados y bueno, esclavitud sexual o novelas de amor.

Tras la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, el enfoque periodístico por excelencia ha sido el de la familia. En una búsqueda por humanizar el posconflicto, los guerrilleros y guerrilleras, por fin, serán padres y madres. Ya algunas dieron a luz en los campamentos en las zonas veredales de transición. Ya las mujeres pueden dejar los fusiles por los tacones, las rosas y el maquillaje. Ya pueden vivir su romance y gritarlo a los cuatro vientos, y conseguir un trabajo en alguna zona bonita de una ciudad o quizás construir una casita en su pueblo natal.

Para los medios de comunicación, las excombatientes tendrán ahora la oportunidad de ser “mujeres”, por lo que hay encasillarlas a los estereotipos de una mujer “tradicional”: novia, madre, hija. Porque claro, mientras fungían en el grupo armado no lo eran. Es por tal razón que, al humanizar a las combatientes con narrativas de madres se busca crear empatía con los lectores y miembros de la sociedad civil que las recibirá eventualmente. No obstante, se pierde de vista que con ese tipo de discurso se ignora la complejidad de sus historias y se les reduce a estereotipos de género porque más que preguntarles qué quieren ser o hacer, es más fácil creer que a una familia es lo único que pueden aspirar.

Reforzar estereotipos de género beneficia estatus quo patriarcal

La posibilidad de presentarlas como actoras políticas en un período de paz lleva a pensar en el posconflicto como una zona gris y donde, si no se refuerzan las construcciones de género, se podría confundir a la sociedad. Y confundir, aparentemente, es un riesgo que nadie quiere tomar.

Al respecto, un artículo académico de Gloria Castrillón, “¿Víctimas o victimarias? El rol de las mujeres en las FARC. Una aproximación desde la teoría de género*” (2015) concluye que sí, dentro de las filas las mujeres farianas caían dentro de una estructura patriarcal y con pocas oportunidades para avanzar. Sin embargo, explica que:

“No hay que perder de vista que el conflicto les dio a las mujeres la posibilidad de convertirse en sujetos políticos, de entrar a competir en un campo que antes era exclusivo de los hombres, de ejercer el derecho a desarrollarse en un ámbito que antes estaba cerrado para ellas. Pero también es importante destacar que el hecho de subvertir algunas de las categorías del orden de género que les habían sido asignadas en la civilidad, les ha traído conflictos al asumir su militancia.”

Y la otra parte, no menos importante, es la historia. La historia que dice que las excombatientes son marcadas de por vida, silenciadas dentro y fuera de los grupos armados por traicionar los valores propios de su género y haber atentado con sus acciones la paz de su sociedad. Esta fue una conferencia clave en la mesa de diálogos de la Subcomisión de Género en las negociaciones de La Habana en donde un grupo de 16 excombatientes dieron a conocer sus experiencias de reinserción y los retos para ser aceptadas. Esto dejó claro a las guerrilleras de las FARC la necesidad de un proceso de reintegración “integral” que reconociera cuán distinta es la estigmatización entre sexos.

Es importante notar que, el acuerdo de paz entre el Gobierno de Santos y las FARC es el primero en el mundo en incorporar la perspectiva de género. Por lo que, se prevé que el proceso de desarme, desmovilización y reintegración (DDR) responda a las diferentes realidades que los hombres y las mujeres encararán de regreso a la vida civil. En ese sentido, una experta en la aplicación de la Resolución 1325, Chris Coulter, explicó que es importante empoderar a las excombatientes porque  “cuando ellas vuelven a la vida civil encuentran grandes dificultades para incorporarse. Muchas de las que conozco tuvieron dificultades para casarse, los hombres les tenían miedo, sus familias les temían, pero los planificadores las veían sólo como mujeres, víctimas o sobrevivientes, no como líderes. Colombia podría hacer una verdadera diferencia, especialmente al ver que hay tantas mujeres en las Farc.”

A semanas de que concluya el período de desarme y la estadía en los campamentos de transición, es necesario replantearse si los medios de comunicación cumplen con su labor social o responden a intereses de ciertos grupos conservadores, militantes o políticos. El ideal de paz que persigue Colombia no puede beneficiar a unos grupos a costa de silenciar o desacreditar a otros, menos cuando esos otros -y en este caso las mujeres farianas (y quién sabe si, en su momento, las elenas también)- están haciendo un esfuerzo.

Que sus ideales no resuenen con una “alegada” mayoría de Colombia, puede ser; lo que parece poco ético y hasta injusto es que se cuestione todo lo que provenga de ese grupo que, aparte de formar la guerrilla, sean mujeres con sus propias versiones del feminismo y eso está bien. Porque el feminismo como ideología y movimiento, afortunadamente, no tiene una sola interpretación.

 

(Foto de portada publicada en Sputniknews.com, crédito John Vizcaino-Reuters)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s